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Un requisito para la transición/

Opinión Pública y Debate/

Un requisito para la transición/

Opinión Pública y Debate/

Por Néstor Eduardo/

El pasado proceso electoral fue en muchos sentidos una última llamada a la élite política mexicana. Tras el hartazgo y la desesperanza de los ciudadanos, el régimen optó por reinventarse. Sin embargo, en todos los procesos de transición, de reforma o de revolución, una cosa debe quedar bien clara: lo viejo tiene que morir, para que lo nuevo pueda nacer. Y en ésta nueva etapa que precisa ser un punto de inflexión del régimen político mexicano, no deben haber excepciones.

Mal haría el naciente régimen en asimilar métodos, prácticas, actitudes y formalismos propios del pasado, que aun cuando sea inmediato, no deja de ser su antítesis en la dialéctica de los opuestos. De modo que permitir en el nacimiento de ésta nueva etapa de la vida democrática de México, con la concomitante tolerancia del fraude electoral en el Estado de Puebla, sería como edificar, con los mismos ladrillos provenientes del escombro. Equivaldría a reactivar la etapa de las concertacesiones que antaño truequeaban impunidades por favores políticos entre las élites del PRIAN.

Para que la nueva vida política se dignifique y haya un antes y un después, debe morir el fraude electoral como estrategia de acceso al poder, y debe nacer un sistema democrático producto de una reforma electoral que verse sobre: la disminución de los dineros en las campañas políticas, el impulso del debate como instrumento privilegiado de diferenciación política, la eliminación del modelo de comunicación política basado en spots que sólo otorga poder y dinero a las televisoras, la incorporación a los códigos penales de los delitos electorales, la despolitización (cuotismo) en la conformación de los árbitros electorales INE y TEPJF, la eliminación de los OPLES y tribunales electorales estatales y, la incorporación de la revocación del mandato como sistema de control social al poder político.

La gran prueba de fuego la tiene que pasar no sólo el INE, sino también el TEPJF, el cual deberá portarse a la altura de las circunstancias y resolver con base en la ley y la justicia, porque un Tribunal que no hace justicia, no tiene razón de ser. El TEPJF debe dejar de ser la deshonrosa institución de la que millones de mexicanos nos avergonzamos cada que emite sus “fall@s”. Del OPLE y del Tribunal poblano no se puede esperar nada positivo, son instituciones inútiles y secuestradas. Como en los más rancios modelos feudalistas, en las entidades de la República mexicana dichas instituciones son anexos facciosos de los gobernadores.

Si ésta transformación va en serio, como todo parece indicar, no se puede permitir por ningún motivo que triunfe un fraude más sobre la voluntad de los electores. El Estado tiene el poder, los dineros y las armas, el pueblo únicamente su voto, su conciencia y su aspiración pacífica de un cambio verdadero.

De modo que un requisito para la naciente transición a la democracia como prueba de legalidad al TEPJF es: NI UN FRAUDE MÁS.

Correo: opinionpublicaydebate@gmail.com

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