Playa Delfines y la profunda corrupción del Fonatur/

Playa Delfines y la profunda corrupción del Fonatur/

El Minotauro/

Por Nicolás Durán de la Sierra/

 

En estas últimas semanas del temible ‘Año de Hidalgo del gobierno federal, al son de “idiota el que deje algo”, la delegación regional del Fondo Nacional de Fomento al Turismo decidió rematar su último predio costero en Cancún: el de Playa Delfines. Adujo, para la venta, que se trataba de un lote de “servicios turísticos recreativos” y que el acceso público al mar sería libre, aunque en la práctica se trate de una privatización disfrazada.

Con el dolo que hoy es sello distintivo de este instituto otrora adalid del turismo mexicano, el Fonatur vendió o, mejor dicho, malbarató el terreno de Playa Delfines de Cancún, de poco más de diez mil metros cuadrados, en cerca de veinte millones de pesos; remató el metro de playa en dos mil pesos, una tasa por debajo incluso de lo que se aplica en el centro de la ciudad. Gran negocio el que debió hacerse fuera del trato oficial…

Para tener una idea del tamaño de la transa, baste decir que, según los tabuladores hechos públicos por la dirección de Fomento a la Inversión Turística del propio instituto a fines de 2015, “el precio promedio de la tierra en Cancún es de 506 dólares por metro cuadrado”. Es decir que el dicho predio se vendió más de cuatro veces por debajo de su valor nominal, por no hablar del precio que pudiera tener en el mercado abierto.

Es probable que, por el escándalo que suscitó la turbia transacción del Fonatur, el trato con la empresa Pulso Inmobiliario se revisado con lupa por el gobierno federal en puerta, el que además está urgido de fondos frescos, por lo que no sobra que tanto Miguel Alonso Reyes, el titular del instituto, como Juan González Castelán, su delegado local, fijen su postura, no vaya a ser que por comisión u omisión se les acuse de cómplices.

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