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La transición aceptada/

Opinión pública y debate/

La transición aceptada/

Opinión pública y debate/

Por Néstor Eduardo/

 

La transición a la democracia en México ha sido un proceso pendular, en el que se ha avanzado a veces adelante y otras muchas hacia atrás. Después del fraude electoral de 1988, se aceleró el proceso de construcción de instituciones pseudodemocráticas, con funcionarios orgánicos y fastuosos, expertos en la simulación y el engaño, que le dieran viabilidad y legitimidad a un régimen espurio y decidido a privatizar la riqueza nacional y las principales empresas del Estado mexicano. Ejemplos claros de este proceso de simulación fueron la creación del IFE, el TRIFE y la CNDH. Ya en el año 2000, falsamente se hizo creer a los mexicanos que con la alternancia en el poder se consumaba nuestro proceso de transición a la democracia, de modo que con la llegada de Fox y el PAN se simuló la inauguración de una nueva vida en la historia democrática del país. Sin embargo, lo cierto es que el PAN ha sido la continuidad del régimen priísta, cuyas principales características han sido la corrupción, la impunidad, el enriquecimiento al amparo del poder y la imposición mediante el fraude. De modo que el PAN no podía quedarse atrás, y para el 2006 el régimen del PRIAN consumó un nuevo fraude electoral para imponer al espurio de Felipe Calderón.

Con la erosión de los gobiernos panistas, derivada de la corrupción, la impunidad, el impresionante endeudamiento y la violencia incontrolable, nuevamente el PRI regresó a la escena política con EPN ahora apoyado por el PAN, o por algunos de sus principales figuras como; Calderón y Fox, quienes devolvieron la estafeta para continuar con el mismo régimen neoliberal. De modo que en los hechos han sido el principal obstáculo al cambio verdadero y a la llegada de nuevos actores que pongan en duda su diseño institucional podrido y plagado de intereses.

Con el tsunami que se avecina (MORENA) el uno de julio próximo, el régimen le dice adiós a México. De hecho, la transición a la democracia ya está pactada, o mejor dicho, el régimen la ha aceptado como inevitable. El lenguaje cuidadoso de AMLO es prueba irrefutable de ello, sabedor de que desmotar a un estado autoritario le va llevar sus años, AMLO ha optado por los abrazos en vez de los balazos. Ha prometido que no habrá persecuciones y quizá sea lo mejor, siempre y cuando no se eche la historia reciente y a sus responsables, en el baúl del olvido, que para el caso de México está más que repleto de impunes. Se han querido robar hasta nuestra historia.

Hay tres elementos en esta semana que embonan con esta tesis de la transición pactada: 1) la deliberación de un Tribunal que echó por tierra la verdad histórica de la PGR así como la intervención de la CIDH sobre el caso Ayotzinapa, 2) la reunión de distensión de AMLO con el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios en la que seguramente les habrá ofrecido reducir la delincuencia, eliminar la histórica práctica corrupta del diezmo a cambio que empiecen a pagar sus impuestos y, 3) el divisionismo de la derecha mexicana, siempre tan reaccionaria, fraterna y entreguista, dispuesta a darlo todo a las cúpulas nacionales o extranjeras ante la amenaza real de ascenso al poder de la izquierda mexicana. La salida de Margarita abrió un puente a la unidad, no obstante, la negativa de capitular ya sea de Anaya o Meade en favor del otro, es muestra clara del divisionismo.

Los tres hechos en conjunto, nos dicen que; como en toda guerra en donde el alto mando ya sabe que todo está perdido, se giran las instrucciones a los comandos en tierra para replegarse, para no rendirse, para administrar la retirada, la derrota, con el objeto de no ser avasallados en una repentina, temerosa y desordenada desbandada que los termine de borre del mapa.

Correo: opinionpublicaydebate@gmail.com

 

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